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Técnicas ancestrales de siembra y cosecha de agua: amunas, qochas y zanjas de infiltración

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En los Andes, uno de los grandes desafíos de la gestión hídrica no es únicamente la cantidad de agua disponible, sino cuándo y dónde está disponible. Las precipitaciones pueden concentrarse durante determinados meses del año, mientras que durante la época seca disminuye la disponibilidad del recurso para las comunidades, los ecosistemas y las actividades productivas. Frente a estas condiciones, las comunidades andinas han desarrollado conocimientos y prácticas para aprovechar los ciclos naturales del agua. Entre ellas se encuentran las amunas, qochas y zanjas de infiltración, técnicas asociadas actualmente a lo que conocemos como siembra y cosecha de agua. Estas prácticas buscan captar, almacenar o favorecer la infiltración del agua de lluvia dentro del territorio. Aunque muchas tienen raíces ancestrales, hoy vuelven a adquirir relevancia frente a desafíos como la variabilidad climática, la degradación de ecosistemas y la necesidad de fortalecer la seguridad hídrica. Su recuperación también abre una oportunidad: combinar conocimientos tradicionales con herramientas científicas y tecnológicas para comprender mejor cómo gestionar el agua en cada territorio.

¿Qué significa sembrar y cosechar agua?

Aunque pueda parecer una metáfora, la siembra y cosecha de agua describe una forma concreta de gestionar el recurso hídrico.

¿Qué es la siembra de agua?

La siembra comprende diferentes acciones destinadas a captar el agua proveniente de las precipitaciones y favorecer su retención o infiltración en el territorio. En lugar de permitir que toda el agua de lluvia escurra rápidamente hacia las zonas bajas, determinadas intervenciones buscan disminuir ese recorrido y facilitar que parte del recurso permanezca durante más tiempo en el paisaje.

¿Qué es la cosecha de agua?

La cosecha se relaciona con la posibilidad de almacenar o disponer posteriormente del agua que fue captada durante los periodos de mayor precipitación. Ambos procesos están conectados. Su objetivo general es aprovechar mejor los periodos lluviosos para contribuir a la disponibilidad hídrica durante épocas de menor precipitación. Esto parte de una idea fundamental: una cuenca no es simplemente un espacio por donde circula el agua. Los suelos, pendientes, vegetación, ecosistemas y actividades humanas influyen en cómo el agua se infiltra, almacena y desplaza. Por eso, sembrar y cosechar agua también significa comprender cómo funciona el territorio.

Amunas: conducir el agua para favorecer su infiltración

Las amunas constituyen uno de los ejemplos más representativos de conocimiento ancestral aplicado a la gestión del agua en los Andes peruanos.

¿Cómo funcionan las amunas?

Su funcionamiento consiste, de manera general, en captar parte del agua producida por las lluvias en las zonas altas y conducirla mediante canales hacia lugares donde las características del terreno permiten favorecer su infiltración. Una vez que el agua ingresa al subsuelo, puede desplazarse lentamente y posteriormente contribuir a alimentar manantiales, arroyos u otras fuentes ubicadas en zonas más bajas. De esta manera, parte del agua disponible durante la temporada lluviosa no continúa inmediatamente su recorrido superficial, sino que permanece durante más tiempo dentro del sistema hídrico.

El conocimiento comunitario detrás de las amunas

Las amunas no deben entenderse únicamente como infraestructura hidráulica. Su funcionamiento está estrechamente relacionado con el conocimiento que las comunidades poseen sobre el territorio, así como con formas de organización necesarias para construir, mantener y gestionar estos sistemas. La experiencia acumulada permite identificar por dónde circula el agua, qué zonas presentan condiciones favorables para la infiltración y cómo deben mantenerse los canales. Por eso, detrás de una amuna existe también un sistema de conocimiento territorial y gestión comunitaria del agua.

Qochas: almacenar agua dentro del paisaje

Las qochas constituyen otra de las prácticas utilizadas para captar y gestionar el agua proveniente de las precipitaciones.

¿Cómo funcionan las qochas?

Son depresiones naturales o espacios acondicionados que permiten captar y almacenar temporalmente agua de lluvia, principalmente en zonas altoandinas. Dependiendo de las características del terreno, además del almacenamiento superficial, pueden favorecer procesos de infiltración y contribuir a mantener condiciones de humedad en las áreas cercanas. Esta capacidad resulta especialmente relevante en territorios donde las precipitaciones están concentradas durante determinados meses. Sin embargo, construir o recuperar una qocha no consiste simplemente en acumular agua. Variables como la topografía, características del suelo, régimen de precipitaciones, cobertura vegetal y dinámica hídrica deben ser consideradas para determinar dónde una intervención puede ser adecuada. Por ello, recuperar conocimientos ancestrales no significa reproducir una técnica de manera idéntica en cualquier territorio, sino comprender primero las condiciones ambientales y sociales donde será implementada.

Zanjas de infiltración: reducir la escorrentía y retener agua

Las zanjas de infiltración son excavaciones construidas generalmente siguiendo las curvas de nivel del terreno. Su función es interceptar parte del agua que circula superficialmente durante las precipitaciones y favorecer su infiltración progresiva.

¿Cómo ayudan las zanjas de infiltración al suelo?

Cuando el agua de lluvia circula rápidamente sobre determinadas pendientes puede incrementar la escorrentía y favorecer procesos de erosión. Las zanjas permiten disminuir la velocidad del agua y aumentar las oportunidades de infiltración en el suelo. Cuando forman parte de una estrategia correctamente diseñada, pueden contribuir al manejo del agua, la conservación del suelo y la recuperación de determinadas funciones del ecosistema. Sin embargo, su aparente sencillez no significa que puedan implementarse sin planificación. La pendiente, el tipo de suelo, la intensidad de las precipitaciones, la cobertura vegetal y los patrones naturales de escorrentía deben analizarse antes de definir su ubicación. Una vez más, la efectividad de la técnica depende de entender el territorio donde será aplicada.

¿Por qué estas técnicas ancestrales siguen siendo relevantes?

Las amunas, qochas y zanjas de infiltración no son únicamente parte de la historia de la gestión hídrica andina. Actualmente vuelven a cobrar importancia frente a un escenario marcado por la variabilidad climática, presión sobre las fuentes de agua y degradación de ecosistemas. Cuando los patrones de precipitación cambian o los periodos secos se prolongan, aumenta la necesidad de mejorar la capacidad de los territorios para captar, regular y conservar el agua. Por ello, la siembra y cosecha de agua puede integrarse dentro de estrategias más amplias orientadas a fortalecer la seguridad hídrica, adaptación climática, conservación de ecosistemas y sostenibilidad de las actividades productivas. Su vigencia no es únicamente teórica. Actualmente continúan desarrollándose proyectos que incluyen qochas, amunas, zanjas de infiltración, revegetación y recuperación de ecosistemas altoandinos como parte de estrategias de gestión hídrica.

Conocimiento ancestral y ciencia: una combinación para gestionar mejor el agua

Uno de los aprendizajes más importantes de estas prácticas es que el conocimiento tradicional y la ciencia no tienen por qué funcionar como perspectivas opuestas. Las comunidades poseen conocimientos construidos durante generaciones sobre las lluvias, los suelos, las fuentes de agua y el comportamiento de sus territorios. La ciencia puede complementar estos conocimientos mediante herramientas de monitoreo, análisis espacial, estudios hidrológicos y generación de datos.

Monitorear para comprender los resultados

Implementar una intervención es solamente una parte del proceso.
También resulta necesario conocer qué ocurre después.
El monitoreo permite formular preguntas como:
¿Está aumentando la infiltración?
¿Cómo cambia la disponibilidad de agua?
¿Qué ocurre con los suelos y la vegetación?
¿Qué zonas muestran mejores condiciones para este tipo de intervenciones?
¿Qué beneficios están percibiendo las comunidades?
Generar evidencia permite comprender mejor los resultados y realizar ajustes cuando sean necesarios.

Cada territorio necesita soluciones diferentes

Una amuna puede ser apropiada para determinadas condiciones geológicas e hidrológicas; una qocha puede responder mejor a otras características del paisaje; y las zanjas de infiltración requieren condiciones específicas para funcionar adecuadamente.
Por ello, no existe una solución única para todos los territorios.
La información científica puede ayudar a identificar áreas prioritarias, analizar variables ambientales y monitorear resultados, mientras que el conocimiento local aporta información fundamental sobre la historia, dinámica y uso del territorio.
Esta complementariedad permite pasar de implementar técnicas aisladas a construir estrategias de gestión hídrica basadas en evidencia y conocimiento territorial.

Gestionar el agua también significa comprender el territorio

Las amunas, qochas y zanjas de infiltración muestran cómo conocimientos desarrollados durante generaciones pueden aportar perspectivas relevantes para enfrentar desafíos actuales relacionados con el agua. Pero recuperar estas prácticas requiere mucho más que reproducir una infraestructura. Significa comprender las características de cada cuenca, reconocer el conocimiento de las comunidades, analizar información ambiental y evaluar los resultados de las intervenciones. La siembra y cosecha de agua nos recuerda que gestionar un recurso natural no consiste únicamente en utilizarlo cuando está disponible. También implica entender los procesos que permiten conservarlo, regularlo y mantenerlo dentro del territorio. En un escenario de creciente presión sobre los recursos hídricos, integrar conocimiento ancestral, participación comunitaria y evidencia científica puede contribuir a desarrollar estrategias de gestión más adaptadas a las características y necesidades de cada territorio. Y quizá esa sea una de las principales enseñanzas detrás de estas prácticas: para gestionar mejor el agua, primero debemos comprender el territorio por donde el agua circula.
FUENTES DE RESPALDO

Superintendencia Nacional de Servicios de Saneamiento (SUNASS). Guía Metodológica para el Monitoreo de Técnicas de Siembra y Cosecha de Agua: amunas, qochas y zanjas de infiltración. 2024.

Ministerio del Ambiente del Perú (MINAM). Información institucional sobre las amunas de Huarochirí y su funcionamiento como sistema ancestral de siembra y cosecha de agua.

Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (MIDAGRI) – Unidad Ejecutora Fondo Sierra Azul. Información sobre intervenciones contemporáneas de siembra y cosecha de agua, qochas, zanjas de infiltración, revegetación y seguridad hídrica en ecosistemas altoandinos.

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