Contacto
¡Contáctanos!
Close

Contacto

Luis Pasteur 2-30 010105
Cuenca, EC

+593 98 795 9379

+44 7463 263232

info@atuk.com.ec

De los Andes al mundo, y de vuelta a los Andes

48087474043_16d64c6664_o
La historia de Boris Ochoa-Tocachi

Hay una llamada telefónica que Boris Ochoa-Tocachi nunca olvida. Era una mañana
temprana en Cuenca, Ecuador, y él estaba enfrascado en su tesis de ingeniería civil — un
trabajo técnico sobre modelación de hormigón asfáltico, el tipo de proyecto que lleva a una
carrera construyendo carreteras. Al otro lado de la línea estaba un amigo, activista y
ecologista, que lo invitaba a un encuentro de jóvenes en los páramos remotos del sur del
Ecuador, en la provincia de Loja. Boris dudó. Tenía trabajo que hacer. Pero algo lo hizo
responder que sí.
Ese fin de semana lo cambió todo.

Raíces que van más profundo que el asfalto

Para entender a Boris, hay que entender de dónde viene. Cuenca es una ciudad andina que
vive en diálogo permanente con sus ríos y sus páramos. Crecer allí, en una familia que pasaba
los fines de semana en la finca de sus abuelos maternos, significaba sembrar árboles y
cosechar frutas directo de las ramas, bañarse en el río, dormir con el sonido del agua
corriendo afuera y despertar bajo un cielo estrellado sin interferencias.
Su padre era abogado, pero no del tipo convencional. Se dedicaba a asesorar organizaciones
campesinas, comunidades indígenas, asociaciones de mujeres y artesanos — los que más lo
necesitaban. Era, según Boris, "el soñador, flexible y apasionado por el mundo, las personas y
la naturaleza." Su madre, en cambio, era agente de viajes, independiente desde temprana
edad. "El timón del barco — lo más estable, la roca que nos pone los pies en la tierra y
mantiene todo en su rumbo correcto."
De su padre heredó la pasión y el compromiso con los que no tienen voz. De su madre, la
determinación para navegar hacia adelante sin perder el rumbo.

El páramo que reorientó una carrera

Aquel fin de semana en Loja no fue solo un paseo. Boris conectó con personas apasionadas
por la naturaleza, el agua, las comunidades. Entendió que había una forma de unir lo que
había estudiado — la ingeniería — con lo que le apasionaba proteger: los ecosistemas, el
agua, la vida. Esa conexión tiene nombre: hidrología. La ciencia que, desde dentro de la
ingeniería civil, estudia el agua en la naturaleza, sus ciclos, sus procesos, y su relación con los
seres vivos y con las comunidades humanas.

«Aún me pregunto qué hubiese sucedido si no respondía esa llamada», dice hoy.
«Posiblemente mi carrera hubiera tomado un rumbo diferente. No diría que mejor o peor,
pero sí muy distinto.»

De Cuenca al Imperial College, sin haberlo planeado

Cuando se graduó en 2011 como uno de los mejores ingenieros civiles en la historia de la
Universidad de Cuenca — obteniendo el Premio Benigno Malo, distinción alcanzada por
menos de diez personas en más de cien años — Boris pensaba estudiar una maestría en
ciencias del suelo en Bélgica. Fue su mentor, el Dr. Bert De Bièvre, quien le sugirió algo más
ambicioso: el Imperial College London.
«Nunca había escuchado del Imperial College», admite con honestidad. Pero cuando lo
descubrió, entendió que era una oportunidad que no podía ignorar.
El camino no fue fácil ni directo. Tuvo que perfeccionar su inglés académico — un requisito
de admisión considerablemente más exigente que el de otras universidades del mundo que
imparten en ese idioma — ser aceptado en una de las universidades más competitivas del
mundo, y luego conseguir financiamiento. Lo logró todo: primero una Beca de Excelencia del
Gobierno de Ecuador para la maestría, y luego una Beca Presidencial del propio Imperial
College para el doctorado.
Esta última llegó tras un primer intento que lo trajo de regreso a Ecuador en un momento
profundamente significativo de su vida personal. La vida lo llamó de regreso de una forma
inesperada y dolorosa, y ese tiempo en Ecuador se convirtió en un reencuentro profundo con
sus raíces, con su familia, y con la memoria de su padre — el soñador que le había enseñado
que el compromiso con las personas y la naturaleza no es una opción, sino una forma de vivir.
Fue un homenaje silencioso. Y también el impulso más poderoso para continuar, con más
convicción y más fuerza que nunca.
Vivió en Londres desde 2013 hasta 2019. Construyó una comunidad, trabajó como
investigador postdoctoral en Imperial, y se convirtió en un científico reconocido en
hidrología andina — con más de 50 publicaciones científicas y más de 2.000 citas
académicas a su nombre, y trabajo de campo en más de una docena de países: desde los
Andes de Ecuador, Perú, Bolivia y Colombia, hasta Nepal, Etiopía, Kirguistán, Somalia,
México, Malawi, Zambia y Kenia.
Y aun así, siempre supo que volvería.

El regreso que nadie esperaba, pero que él sí

Quedarse en Londres hubiera sido la decisión más cómoda. Muchos lo hacen. Pero Boris
tenía un compromiso — no solo el que le imponía su beca de maestría de regresar a Ecuador
por el doble del tiempo estudiado — sino un compromiso personal más profundo.

«Creo que puedo generar mucho más impacto real aquí.»
La idea de fundar una empresa ya germinaba en él desde los años de doctorado, inspirada en
cómo el Imperial College empujaba a sus estudiantes a traducir el conocimiento en
emprendimiento. En diciembre de 2019, de vuelta definitivamente en Ecuador, concretó esa
visión junto a sus dos hermanos. Eric, el mayor, es economista. Diego, el segundo, es
matemático. Boris, el tercero, es hidrólogo. Tres hermanos. Tres disciplinas. Una visión
compartida: demostrar que la ciencia y la empresa pueden coexistir con propósito.
Así nació ATUK Consultoría Estratégica — una Empresa B Certificada que provee
soluciones innovadoras a problemas ambientales y sociales usando, y generando, evidencia
científica. Y junto a ella, Fundación BINARA, el brazo sin fines de lucro de ATUK, creado
para proteger la biodiversidad del Ecuador y a las comunidades que dependen de ella —
haciendo lo que una empresa privada, por su naturaleza, no siempre puede hacer.

¿Extraterrestres? Más bien extraordinarios.

En junio de 2019, pocas semanas antes de regresar definitivamente a Ecuador, Boris subió al
escenario del TEDx Cuenca con una pregunta provocadora: ¿por qué algunas personas
prefieren creer que las civilizaciones antiguas fueron ayudadas por extraterrestres antes que
reconocer el verdadero valor de su conocimiento?
Su charla, titulada «Aprendamos de nuestros ancestros», presentó el caso del mamanteo — un
sistema de infiltración de agua desarrollado hace más de 1.400 años por comunidades
indígenas en Huamantanga, en la sierra de Lima, que durante siglos ha permitido almacenar
agua durante la estación de lluvias y liberarla lentamente durante la estación seca. Cinco años
de investigación científica rigurosa confirmaron que el sistema funciona: el agua puede
permanecer almacenada entre dos semanas y ocho meses. Y si se replicara a escala en toda la
cuenca del río Rímac, podría proveer el doble del agua que Lima necesita durante su larga
estación seca.
El cierre de la charla fue personal e inesperado. Boris habló de su padre — de su visión de
valorar el conocimiento ancestral, de su fallecimiento cinco años antes. Y dirigiéndose a las
comunidades andinas que habían hecho posible esa investigación, cerró con una frase que
resumía su convicción más profunda:
"¿Extraterrestres? Más bien extraordinarios."
Ese escenario, en su propia ciudad, fue el punto de cierre simbólico de una etapa y la apertura
consciente de la siguiente.

La tensión que lo hace humano

Boris no pretende tenerlo todo resuelto. La tensión más honesta que vive es esta: fue formado
para ser un científico de excelencia, pero hoy es el CEO de una empresa. Manejar equipos,

tomar decisiones estratégicas, gestionar talento humano — estas no son habilidades que se
aprenden en un doctorado.
"Lo más difícil de navegar profesionalmente es ser un buen gerente", reconoce. "Mi tensión
diaria es garantizar excelencia científica y técnica en el trabajo de ATUK, mientras garantizo
también una buena gestión institucional."
Es una tensión que no esconde. Y esa honestidad es, quizás, una de sus mayores fortalezas
como líder.

Un mundo que se debe construir

Detrás de todo lo técnico, de los modelos hidrológicos, las publicaciones académicas y los
proyectos con el Banco Mundial o la UICN, hay una convicción simple y urgente que Boris
lleva desde aquellos fines de semana en la finca de sus abuelos:
El mundo no puede seguir funcionando para el beneficio de unos pocos.
«Necesitamos entender que somos parte de la naturaleza, no sus dominadores. El agua es un
elemento que puede ser fuente de conflictos, pero también de conexiones. Nos une.»
Su visión para los próximos veinte años es concreta y ambiciosa: un Ecuador y una región
más justos, que lideran el paisaje económico, ambiental y social en el mundo. Comunidades
indígenas, campesinas y urbanas que se conocen, se respetan y se ayudan. Una política
pública que funciona para todas las personas y para la naturaleza. Un país que entiende que
su mayor riqueza es su naturaleza viva — y que se enriquece precisamente porque la cuida, la
devuelve, y la regenera.
Un ciclo de ida y vuelta positivo entre la humanidad y la naturaleza.
"No solo un Ecuador mejor. Un mundo mejor. Podemos construirlo. Lo debemos hacer."

Boris Ochoa-Tocachi es PhD en Hidrología por el Imperial College London, CEO de ATUK
Consultoría Estratégica, cofundador de Fundación BINARA, Vocal de la Junta Directiva de
la Academia de Ciencias del Ecuador, y orador TEDx.

Si deseas recibir información de alto valor, puedes dejarnos tus datos y te enviaremos mensualmente nuestro boletín informativo con todas las noticias relacionadas a ciencia, economía, sociedad y tecnología.